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VI Foro Ibn Arabi: Interculturalidad y xenofobia. Toledo, 2001 Durante los días 28, 29 y 30 de septiembre, tenía lugar, en la Biblioteca de Castilla La Mancha, instalada en una planta de El Alcázar de Toledo, el Congreso Interculturalidad y Xenofobia, planteado según las orientaciones marcadas en el Foro anterior de Sarajevo. El IITM contó con la colaboración de la Fundación Cultura y Deporte de Castilla La Mancha y el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Comunidad Europea. Falló a última hora el prometido apoyo de la UNESCO, aunque se decidió mantener a dicho organismo entre los colaboradores, por la participación de dos personas vinculadas a la misma, José Vidal Beneyto y Ehsan Naragi. Para la ocasión el IITM formó la Plataforma Sur. Derechos Humanos, a la que se integraron, además del Instituto, el MPDL, InterArts, Academia Europea de Yuste, Asociación Cultura Sociedad y Progreso, Atime, Centro Nacional de Cultura (Portugal), CITE-CC.OO., Ayuntamiento de L'Aquila (Italia), Fundación Civis, Liga de los Derechos del Hombre (Francia), Presencia Gitana, SOS Racismo, Vomade y YOLOCAMBA, además del Centre Worl Dialogue (Chipre), que se sumó en los días previos al Congreso. El
VI Foro Ibn Arabí editó sus actas, en versión hispano-francesa,
en un libro que, a nuestro entender, constituye un serio testimonio sobre las
cuestiones enunciadas en el título del Congreso. (Ver
publicaciones) Inevitablemente, la nueva Ley de Extranjería, cuyo texto,
propuesto por el partido del gobierno, estaba en puertas de ser sometido al debate
parlamentario, vino a ser uno de los centros del temario. Pero, además,
se abordaron, con pasión y conocimiento, otros puntos, especialmente
El programa del Foro incluía el siguiente texto: Los Derechos Humanos no son una mera expresión de los buenos sentimientos, a menudo provisionales, de determinadas personas o grupos sociales. Resumen un largo proceso histórico, que se concreta en un modo de entender la reacción entre los seres humanos, en un proyecto de sociedad que incluye el rechazo de las múltiples formas - con sus correspondientes ideologías - de la discriminación Su área es muy amplia, porque muchas son las razones y los sentimientos alegados para su defensa o su negación, viniendo a ser, antes que un conjunto de normas, positivas, el resultado de una confrontación ética con la realidad histórica, una exigencia de respeto y de solidaridad frente a los argumentos que normalizan y aún ponderan, en nombre de otros principios, la discriminación étnica, económica, racial, religiosa, lingüística, patriótica, por el sexo o por la edad. El Congreso de Toledo quisiera afrontar el problema atendiendo, a un tiempo, a las realidades concretas y a los principios éticos. Yo no limitarse a señalar los posibles conflictos entre ambas exigencias, sino interrogarse por el modo de salvaguardar los segundos, y, en consecuencia, por las contradicciones, también concretas, que a menudo existen en buena parte de los discursos políticos y culturales de nuestros días. Dentro de tan vasta materia, hemos elegido un espacio determinado, acotado por el título del Congreso. Frente a la oposición entre una conciencia europea convencida de la necesidad de alcanzar el respeto entre los distintos pueblos, y, de otra parte, la multiplicación, fáctica y teórica, de las corrientes de xenofobia, quizá sea imprescindible indagar en los legados históricos e ideológicos que estimulan u obstaculizan el diálogo y el conocimiento intercultural. Y poner de manifiesto la incidencia decisiva del orden internacional en el asunto. Nada original, desde luego. Pero que alcanza, en el marco de un proyecto de Unión Europea, de globalización, y de una evolución tecnológica que acerca potencialmente todos los lugares del planeta, una nueva dimensión. Por razones de método, hemos establecido tres lineas de discusión: una, referida al reconocimiento de los derechos humanos en el ámbito de la Unión Europea; otra a su aplicación; y, una tercera, referida a las relaciones interculturales, campo éste esencial, porque en él se fundamentan en gran parte las ideas del desacuerdo o de la solidaridad. El Congreso quisiera ser, en fin, una voz, a la vez crítica y optimista, un encuentro creativo entre quienes, desde la política u otros puestos de influencia, conducen el curso real de los acontecimientos y ese amplio sector de la sociedad civil que pugna, heredero de quienes hicieron lo mismo en el pasado, por humanizar la existencia, por el acercamiento del otro, por normalizar el principio del respeto a los débiles y la responsabilidad de los más fuertes. Y, en definitiva, por trasladar a la opinión pública una reflexión donde el sujeto sea el ser humano antes que el poder y la economía.
El concepto de la interculturalidad era uno de los ejes del Congreso. Aclaremos que la existencia de la multiculturalidad es un hecho objetivo, que resulta de la mera observación de un determinado territorio. El mestizaje, como consecuencia del encuentro de dos pueblos o culturas, es también, otra realidad impuesta por la historia de las sociedades, aunque, en este punto, deba añadirse la obviedad de que , de manera más o menos evidente, todas las culturas son mestizas e incluyen una serie de síntesis e influencias. En cambio, tanto la obligada integración a una cultura dominante como la interculturalidad, suponen una respuesta activa, un determinado compromiso político. En el primer caso, sea a nivel estatal, o a nivel internacional, se parte de una magnificación de la propia cultura y de su condición de instrumento del poder. Ello supone asumir los principios de esa cultura como verdades absolutas, con el consiguiente menosprecio de las restantes; es decir, un imposición aceptada de buen grado por quienes ven en ello un beneficio, o rechazada por quienes prefieren pagar el precio de una latente o real marginación. En el segundo caso, es decir, en el de la interculturalidad, la afirmación de la propia cultura sería compatible con la voluntad de conocimiento y respeto de las restantes; osea, instando a una forma de convivencia donde las culturas se relacionan sin destruirse recíprocamente ni, necesariamente, conducir a un mestizaje violento que elimina las singularidades de la más débil ¿Es posible conciliar la riqueza de la diversidad con su convivencia? ¿Cabe un orden mundial en el que las diferencias entre las partes no entren en conflicto? ¿ Cómo afrontar las culturas que hacen de la intransigencia una de sus señas de identidad? En esa línea, que quizás sea el horizonte deseable de nuestro tiempo, situaba el Congreso el concepto de interculturalidad: una relación enriquecedora, libre y liberada de la imposición del más fuerte.
PRINCIPIOS
GENERALES DESDE
EL TRABAJO CONCRETO EN FAVOR DE LAS MINORÍAS Y LOS INMIGRANTES EUROPA,
ÁFRICA, AMÉRICA, UN DEBATE INTERCULTURAL SOBRE LOS DERECHOS HUMANOS Croacia LOS
PARLAMENTARIOS FUNDACIONES,
INSTITUCIONES LA
ACCIÓN DEL IMAGINARIO: POETAS, DRAMATURGOS, ENSAYISTAS, NOVELISTAS
En la Introducción a las actas, escrita después del Congreso, José Monleón, escribía: Es un hecho que buena parte de la sociedad española está mal informada sobre los procesos de construcción de la solidaridad europea.. Dejemos a un lado los sectores o personas decididamente irrecuperables para la convivencia, en la medida que han sacralizado una serie de principios que les impiden participar en su construcción, , y pensemos en todos esos millones de españoles que viven encerrados en su proyecto personal o que saben del mundo lo que dicen o no dicen determinados medios de comunicación. Es una información discontinua, resuelta, muchas veces, en titulares tendenciosos, que generan optimismos o pesimismos momentáneos, sin incitar lo más mínimo a la participación. Yo creo que ahí se produce una grave carencia democrática y que, como ocurre en otros campos, se desvirtúa el concepto mismo de democracia, que implica una atención a la formación crítica de los votantes. Todos los populismos y demagogias, sea cual sea su bandería ideológica parten de una masificación controlada, a la que ayudan hoy extraordinariamente, cuando han perdido peso muchos de los mitos opresivos del pasado, ciertos medios de comunicación. En todo caso, el encuentro de Toledo añade a la aportación de ideas un valor informativo para ese sector social que siente a Bruselas y Strasburgo en otra galaxia, y al que, las más de las veces, se le quiere halagar e interesar con argumentos meramente patrioteros, en torno a la importancia de España en las decisiones comunitarias, o las ventajas obtenidas en el reparto del pastel. Ojalá nuestro trabajo sirva, en la escala que le corresponde y como parte de un impulso colectivo, que cuenta con muchas importantes iniciativas de todo orden, para estimular el espíritu participativo, para animar a nuestros políticos W"europeístas" y a los medios de comunicación, teóricamente más dispuestos a ello, a explicar e interpretar lo que sucede, a desvelar sus razones y, muy especialmente, a no sustituir la realidad de las personas, sus sufrimientos y privaciones remediables, por una jerga técnica al alcance de los especialistas. Es un espacio de todos y para todos y con esa responsabilidad debiéramos de participar. Por lo demás, por sus fechas, el Foro dejó en suspenso dos cuestiones que concentraron la atención de buena parte de las ponencias: La nueva Ley de Extranjería y la Carta Europea de los Derechos Fundamentales. De ahí la oportunidad de un epílogo, escrito días después del Congreso, en el que se recogía el desenlace, al menos momentáneo, de ambos temas. Sobre la aprobada Ley de Extranjería recabamos un informe de Diego López Garrido, que había intervenido en el Foro con una reflexión sobre la misma en la que mostraba la esperanza de ciertas modificaciones, en el curso del debate parlamentario, que no se produjeron. El Informe de Diego López Garrido fue tajante: La ley mejoró algo el Proyecto inicial, pero los puntos más negativos, las razones por las que el Gobierno ha hecho la contrarreforma de la Ley de Extranjería 4/200, se han mantenido. 1.- La negación de los derechos de reunión manifestación, asociación, sindicación y huelga a los extranjeros en situación irregular, lo que contradice frontalmente Constitución y el Convenio Europeo de los Derechos Humanos, que reconoce esos derechos a todas las personas sin que quepa hacer discriminación alguna. 2.- La ruptura del concepto de regularización permanente, elevando el plazo de 2 a 5 años para dar residencia temporal a quien ha permanecido en España en situación irregular. 3.- Un régimen de expulsión sumaria (en 48 horas), con indefensión y sin tutela judicial efectiva, que se aplicará, entre oteros, a quienes estén meramente en situación irregular. También se expulsará a quien, simplemente, trabaje sin tener permiso de trabajo. 4.- Unas sanciones a los transportistas, que amenazan el derecho de asilo. En cuanto a la Carta europea de los Derechos Fundamentales, tras su tímida aparición en el encuentro de Niza, mereció de José Vidal Beneyto una apasionada reprobación, publicada en El País y en el epílogo, de la que reproducimos un fragmento: Somos muchos. La policía dirá después que entre 50.000 y 50.000. Llueve y la lluvia y la determinación nos compactan bajo los paraguas y los capuchones y nos hacen masa conjunta, imparable. No hemos venido a romper, sino a construir, no a rechazar, sino a pedir. Los de las calles de Seattle/ Niza no somos unos irresponsables fundamentalistas, quemacoches y rompevitrinas incapaces de hacer propuestas posibles. Sabemos muy bien lo que queremos y lo hemos escrito y dicho aquí en manifiestos y pancartas. Ya está bien de cualquier Europa a cualquier precio, ya está bien de la Europa ultraliberal de unos pocos, obsesa por la especulación y el lucro, que ha hecho del juego en la Bolsa y de la exclusión social sus prácticas privilegiadas. Esa Europa. Conculcadora de su propio modelo de sociedad, negadora de su proyecto histórico de liberación y de progreso, en la que más del 20 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, esa Europa que nos impuso la señora Thatcher con el asentimiento pasivo de la socialdemocracia europea y el resignado posibilismo de Jacques Delors, no puede durar más. Queremos otra Europa, la Europa social más democrática y más europea que esta reclamando esta extraordinaria movilización de fuerzas sindicales y ciudadanas. Otra Europa que haga posible otra mundialización, desde la que crear los supuestos de la democracia mundial. En términos más concretos, queremos que no nos tomen el pelo con la Carta Europea de los Derechos Fundamentales, que los Estados miembros han pactado no incorporar por ahora al Tratado y que por tanto no sirve de nada, máxime cuando hasta la han privado esta misma mañana de su dimensión simbólica al renunciar por exigencia británica - ¡como no! - a su proclamación formal, reduciendo su firma a nivel de ministros de Asuntos Exteriores y convirtiéndola así en un puro trámite administrativo.....
Junto a quienes, por su trabajo profesional, están cerca de los problemas que planteaba el Congreso, quizá la participación de una serie de artistas y escritores fuera la nota inusual en este tipo de debates. A ellos les correspondió enfrentar la realidad desde un imaginario vigilante, que observa cuanto sucede alrededor y no acepta que la historia oficial sea el verdadero rostro del hombre. El imaginario se vuelve así un espacio privilegiado y libre, que ni fantasea ni se somete, sino que desvela el proyecto de vida y de sociedad que subyace en el interior de los humanos. Utopias, en el sentido exacto del término, en tanto que proyectos que esperan, y quizá seguirán esperando por mucho tiempo, el momento preciso de su realización, cuando el curso de la historia ofrezca, al fin, las circunstancias favorables. Venían unos de la escritura dramática, otros de la poesía, otros de la dirección escénica, otros de la actuación teatral, otros de la novela, otros del ensayo....En todos existía la misma convicción: el imaginario es una expresión superior, quizá la más rigurosa, pese, o quizá por ello, a los materiales alegóricos que utiliza. La imaginación ve el pasado y solicita el futuro frente a un presente, que se presenta con la contundencia de una realidad palpable e hipotéticamente innegable. El imaginario cuestiona muchas veces lo que se ve en nombre de lo que se adivina debajo de la apariencia. Y sabe, además, que el tiempo altera o destruye los dogmas y los imperios. Por eso, en definitiva, se constituye como el campo mayor de la crítica y de la esperanza, el menos sujeto a la lógica de lo aparente, o a la soberbia de lo inmediato.. En la intervención de clausura, surgió la evocación del espectáculo Argonautas 2000, que había hecho el IITM con actores de nueve países, en otras tantas lenguas.: Pienso- dijo José Monleón - que el viaje de nuestros Argonautas es un buen final, simplemente porque partieron de un mito regresivo y consiguieron darle la vuelta, es decir, porque no solo creyeron en la posibilidad de hacerlo, sino porque, además, a través de la disciplina, el desprendimiento y el entusiasmo de todos, lo hicieron. Se me podrá decir que una cosa es el escenario y otra el planeta. Pero los que andamos en esto del teatro sabemos que, en los mejores casos, es una representación simbólica del segundo y que muchos de los cambios acaecidos en la vida real se produjeron, primero, en el imaginario de los autores y creadores escénicos, de donde pasaron al imaginario de los espectadores, para convertirse en pensamiento y proyecto, individual y colectivo. A fin de cuentas, este Congreso, nacido bajo la sombra de un inesperado rechazo, ha sido posible porque todos vosotros, personas significativas en nuestro orden político y cultural, forzasteis las exigencias de vuestras agendas, y, como hicieron nuestros Argonautas habéis venido hasta El Alcázar de Toledo para realizar juntos este viaje. El Presidente José Bono, por su parte, había incluido en sus palabras de bienvenida, la siguiente reflexión: A la violencia que, a plena luz se ejerce cada día contra los diferentes, se superponen muchas veces la indiferencia o la justificación de lo que es éticamente inadmisible. Encuentros como éste, sin embargo, deben mover al optimismo. Vivimos momentos apasionantes que pueden permitirnos modificar el curso de las cosas, asumir compromisos ante los riesgos, construir en vez de destruir, remover obstáculos en lugar de fomentarlos, proclamar una vez más el derecho a ser iguales a la vez que diferentes. |
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