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El IV Foro, celebrado en L'Aquila, estableció la necesidad de celebrar la siguiente reunión en una sociedad islámica. Surgieron dos candidaturas, la de Sarajevo y la de Túnez. Pero ya en la reunión de L'Aquila vimos que la segunda opción tenía muchos problemas, sobre todo porque la persona que debía iniciar el contacto con las autoridades, nos repitió que la idea de un encuentro dedicado exclusivamente a exaltar la fraternidad mediterránea quizá podría interesar a al gobierno tunecino, pero que cualquier conexión con la política resultaría insuperable, sobre todo si, como era inherente a nuestro Foro, abríamos la participación a las tres religiones - en este caso, obviamente, el problema estaba en la participación judía - y nos expresábamos con total libertad. Así que renunciamos a esta opción y nos quedamos con Sarajevo, que, además de ser una ciudad de mayoría islámica, reunía dos condiciones muy ajustadas a nuestro propósito: una, su antigua tradición de espacio de convivencia, de lugar donde las mezquitas, las sinagogas y las iglesias habían convivido sin problemas durante siglos, y otra, su condición de ciudad víctima de la intolerancia y la ambición de sus vecinos, serbios y croatas, que, en más de una ocasión habían utilizado, directa o solapadamente, los argumentos religiosos. Así que le pedimos a Ibrahim Spahic, director de la Casa de la Paz de Sarajevo, que estaba entre nosotros, que empezara a establecer los necesarios contactos. El Gran Rabino Samuel Sirat expresó su entusiasmo por la decisión y nos prometió que informaría favorablemente para que el Programa "Un alma para Europa", enmarcado en la Comisión Europea, de la que él era uno de los asesores, se interesara. Así que nos pusimos en contacto con el citado programa, enviamos la pertinente solicitud y recibimos una primera comunicación del todo favorable, a partir de la cual comenzamos a cursar las invitaciones y proponer los temas. Hasta que, faltando apenas un mes para la fecha del Foro, recibimos una desconsolada carta de la misma persona en la que nos explicaba que ciertas desconexiones burocráticas internas habían dejado sin efecto la convocatoria. Hubo, pues, que reajustar el proyecto, que pasó de ser un Foro internacional abierto, a un Foro ceñido a los representantes bosnios de las distintas religiones, con una participación italo-española que actuó como aglutinante de las reuniones e interlocutor de los participantes nacionales. Sobre el curso del Foro y los días de Sarajevo - que nos permitieron ver algunos espectáculos - José Monleón, director del IITM, escribió una crónica que reflejaba, en caliente, la experiencia, A ella me remito: A muchos no les servirá de nada. Tienen claro que la agresión y la violencia son inseparables de la vida social y las tumbas de Sarajevo sólo son una prueba a su favor. Son los que manejan las ideologías como abstracciones desprovistas de rostros humanos, sin dolor y sin sangre, donde lo que importa es ocupar la colina y los muertos sólo son un número anónimo de bajas. Es la historia miserable de los desenlaces puntuales, sin que importen - puesto que el horror formaría parte de la naturaleza humana - los espantos presentes o futuros. Para otros, las cosas no son así exactamente. El comportamiento colectivo es hijo de un pasado y de una determinada concepción del presente. Los seres humanos viven en realidades históricas, en tejidos de opciones y recuerdos, sujetos a una dinámica determinada entre otras posibles. Y en la sumisión a esa dinámica, supuestamente irreversible, o en su examen y su corrección crítica, estaría la gran disyuntiva milenaria. ¿De verdad eran necesarios los muertos que llenan los improvisados cementerios de Sarajevo, en los parques, en el breve césped de las plazas, en el estadio, en las cumbres cercanas y omnipresentes? Sarajevo está cubierta por la nieve. Desde la ventana de mi habitación, en el hotel Saraj, veo los blancos cementerios sin muros ni capillas, poblados de piedras claras y de símbolos religiosos. Allí están, bajo la nieve, musulmanes, judíos y católicos, muchachos de origen bosnio, serbio o croata, empujados a la muerte por los seniles ingenieros de la revancha y de la grandeza nacional ¿Quién se atreve a invocar los derechos humanos frente a esa barbarie? ¿Qué energía y convicción no son necesarios para hacerlo? A la emblemática biblioteca le han quitado la venda metálica que encubría sus heridas. Lo han hecho aprisa, mucho antes de devolver a los muros el dorado apacible del pasado. Al anochecer, se encienden los focos, y la biblioteca es el referente iluminado de esta hermosa ciudad que no quiere ser un símbolo ni de la muerte ni de la mala conciencia europea. De las tres caras de Europa, la económica, la militar - identificada con la seguridad - y la política, las dos primeras muestran una y otra vez su prepotencia. La tercera, la política, abre una interrogación sobre su contenido, pues, en el pasado, han sido varios los sueños que han devastado las tierras y los pueblos de Europa. Esta vez, el programa que se propone está lleno de vías de esperanza. Más allá de las reticencias y resistencias de las soberanías al viejo estilo, de las numerosas contradicciones, y del sempiterno uso de las palabras solidarias en beneficio del más fuerte, a través de una serie de tratados se va abriendo paso un cúmulo de derechos ejemplares, aceptados, siquiera como proyecto, por los 15 países de la Unión. Frente a esa realidad, se alza un sinnúmero de preguntas, razonables las más de las veces, pues la práctica diaria, y aún limitándonos estrictamente al espacio reducido de la U.E., niega o contradice a ese conjunto de nomas, en buena parte agrupadas en el concepto de los derechos humanos. Sería estúpido creer que la "realidad" puede ser establecida en una "declaración". Una de las causas permanentes del fracaso de las ideologías solidarias - desde las más radicales a las más templadas - ha estado, precisamente, en la disociación entre su discurso teórico y el ejercicio concreto desde el poder, entre el papel y la acción, entre la palabra y el comportamiento, entre el púlpito o el escaño y la calle. Durante nuestros breves días en Sarajevo, el V Foro Ibn Arabí intentó, contando con la inestimable hospitalidad de Ibrahim Spahic - director del Festival de Invierno, Presidente de la Casa de la Paz y Presidente de la Asociación del IITM en Bosnia Herzegovina - , renovar el diálogo y el respeto entre los distintos sectores como una expresión del comportamiento. Hasta un salón de la nueva y provisoria Biblioteca Nacional, en el castigado edificio de lo que fuera cuartel del ejército yugoslavo - abandonado voluntariamente antes de iniciarse la guerra - y es hoy Palacio de la Universidad, llega un puñado de representantes de las distintas religiones de Bosnia Herzegovina, en realidad, las tres religiones del Libro, diversificadas a través de sus variantes. El IITM, el Ayuntamiento de L'Aquila y la Junta de Castilla La Mancha, estos dos últimos como instituciones asociadas al Foro, el primero, por la vinculación de la ciudad abruzzese a Celestino V, papa "dimisionario" del Siglo XIII, de una extraordinaria significación en la historia de la Iglesia; el segundo, por el valor de Toledo en el encuentro de las Tres Culturas - conformaban la delegación invitada. Y allí estuvimos, con personas que sobreviven de los años del asedio, que ya entonces desafiaban los cañones y el furor de los francotiradores, y que ahora siguen trabajando por la difícil convivencia de la paloma de las tres cabezas, que intentan ayudar a sociedades cercanas y bien conocidas, que padecen males análogos - Kosovo - y que, en muchos casos, cierran sus intervenciones con una angustiada mirada hacia ese enemigo, palpable, situado por encima de todas las cabezas, que se llama nacionalismo.
Ibrahim Spahic, Presidente del IITM de Bosnia Herzegovina, miembro del Consejo General del Foro; Federico Fiorenza, Presidente del IITM de Italia y miembro del Consejo Directivo del Foro; Don Renzo D'Ascenzo, en representación del Arzobispo de .L'Aquila, miembro del Consejo General del Foro; Salvatore Santángelo, en representación del Alcalde de L'Aquila, miembro del Consejo General del Foro; Marco Orsolic, del M.R.U., de Sarajevo; Enes Kijundzic del NUB, de Sarajevo; Ismet Busatic, del FIN, de Sarajevo; Njuhovic Azemina, del NUB, de Sarajevo;Hukpvic Seid, de ANUBIH, de Sarajevo; Tanovic Arif, de ANUBIH. De Sarajevo; Robert Raponja, del OOTM, de Pula; Stephen Schwartz, franciscano, de CASAD, de Sarajevo; Cristop Zierner, de ABRAHAM, de SR Njemacka, de Sarajevo; Kamhi David, de Sarajevo Bosanski. Mirovni corpus; Vladimir Premec, de ANNUBIH, de Sarajevo; Aida Daidzic, de BISER, de Sarajevo; Mujo Alic, de Sarajevo, Krstan Bijeljac, de Sarajevo; José Monleón, Director del IITM, Presidente del Foro y en representación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, miembro del Consejo General del Foro.
Las sesiones estuvieron presididas por una exquisita cordialidad. Los participantes sabían el precio de la discrepancia y todo el mundo expreso sus ideas, que no eran necesariamente coincidentes, con absoluto respeto hacia los demás. Se afirmó la pervivencia de algunos de las causas de la guerra de Bosnia, en la que tuvieron un triste protagonismo los partidos nacionalistas, refugiados ahora en cada una de las partes en que ha sido dividido el país. Todos se manifestaban críticamente ante el carácter meramente militar y neutro de la ocupación, rara vez acompañada de programas culturales, en los ámbitos universitarios y en el medio social, que pudieran contribuir a rescatar la voluntad de convivencia. Tarea a la que todos los participantes dedicaban la mayor parte de su tiempo y de sus energías, no sólo en el ámbito de Bosnia Herzegovina, sino, en varios casos, también en la cercana y conflictiva Kosovo, que vivía el mismo drama que antes conocieron los bosnios. RELIGIÓN Y SOCIEDAD CIVIL El Foro de Sarajevo puso sobre la mesa, siquiera indirectamente, la cuestión capital: la necesidad de situar la religión en el ámbito de las convicciones sociales y confiar el orden político al acuerdo civil de todas las partes. A fin de cuentas, la religión es un proyecto de trascendencia y el orden político descansa en la solución justa y razonable a los problemas temporales. Si el materialismo laico, un día caracterizado por su condena de las religiones, ha matizado su posición y manifiesta hoy a menudo su respeto por las convicciones religiosas inscritas en la libre decisión de las personas, siempre que no quieran imponerse como norma pública, quizá quepa esperar que también los creyentes acepten la distinta naturaleza de la opción religiosa y las normas de una convivencia plural. No es nada fácil, a juzgar por la supervivencia de los integrismos, aunque quizá ahora hayamos avanzado en el sentido de verlos como tales y no, según sucedió durante siglos, como la única y legítima expresión de las religiones. El tema es grave, porque sacraliza y sublima la intolerancia, ya que el agresor se ofrece como víctima al servicio de su dios. Lo que, obviamente, convierte en pueril y fuera de lugar cualquier proposición de diálogo. ¿Que hacer, por ejemplo, para que las sociedades de acogida se despojen de toda xenofobia en el trato con los inmigrantes , si estos, a su vez, hacen de su religión un argumento de confrontación? ¿Cómo pedir el respeto de una cultura a la que, desde su propia religión, condenan? El Foro de Sarajevo fue, en este aspecto, una importante lección. Porque, ante la crueldad de la reciente experiencia histórica, los participantes, pertenecientes a distintas confesiones, tenían claro que era imprescindible conjugar sus convicciones religiosas con la norma de la convivencia. Entre los presentes los había católicos, judíos, en mayor número, musulmanes. Todos ellos tenían textos sagrados y experiencias que invocar para defender la presencia de sus respectivas religiones en las decisiones del poder; todos, y muy en especial los musulmanes, podían recordarnos los deberes temporales de los creyentes respectivos y el consiguiente rechazo de cuantos respondían con la indiferencia o la negación al amor y la generosidad de Dios por sus criaturas. El discurso es sobradamente conocido. Pero en Sarajevo, la experiencia había conformado un pensamiento muy claro, en el sentido de definir una opción: el diálogo o la muerte, el entendimiento o la entrega a una pasión irracional, a un fanatismo, conectado con la peor brutalidad humana, en el que, paradójicamente, la invocación del nombre de Dios confería a los asesinos un halo de santidad.
1).- Señalar la significación especial del V Foro Ibn Arabí, por el hecho de celebrarse en la Ciudad de Sarajevo, víctima emblemática del enfrentamiento violento entre distintas posiciones integristas, de carácter religioso o/y político. 2).-
Se reafirma el valor del diálogo interreligioso, y entre las religiones
y el mundo laico, en el conjunto de la colectividad, independientemente de las
ideas o credo religioso de cada persona, por cuanto aquel afecta a la paz y a
la vida social. 4).- Coherentemente, el Foro Ibn Arabí proclama en Sarajevo su voluntad de ampliar sus objetivos, entendiendo que el diálogo entre las distintas religiones, y entre ellas y el pensamiento laico debe encuadrarse en el marco de los derechos humanos, definidos en el punto 1 del artículo 6 del Tratado de Amsterdam, vinculante para los quince países integrados en la UE y de aceptación inexcusable en todos aquellos que pudieran incorporarse en el futuro. El citado artículo señala: "La Unión se basa en los principios de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y el Estado de Derecho, principios que son comunes a los estados miembros". Y el artículo 13 faculta a la Comunidad Europea para "actuar según proceda contra toda forma de discriminación basada en el sexo, el origen étnico, la religión o las convicciones, la discapacidad, la edad o la orientación sexual". En ningún caso, podrán alegarse "consideraciones nacionales, culturales o religiosas", para vulnerar, total o parcialmente, los derechos humanos.. Y la UE apoya y solicita el concurso de las asociaciones y organismos no gubernamentales para que los derechos humanos sean una realidad en la vida de las sociedades. En este gran proyecto social sitúa el Foro Ibn Arabí las bases éticas y jurídicas de su acción. 5).- Uno de los orígenes del enfrentamiento religioso se deriva ya sea del desconocimiento de las religiones ajenas, ya sea de la demonización interesada de las mismas, lo que solicita la exigencia de una correcta información, que atienda especialmente a cuanto hay en los distintos credos e ideologías en favor del respeto recíproco. 6).- Las instituciones u organizaciones sociales que representan los distintos credos o ideologías deberían no sólo cultivar el diálogo, sino crear espacios comunes, donde se sientan igualmente representados y desde los que se trabaje en favor de los valores vinculados al comportamiento, a la aceptación recíproca de las diferencias como una expresión de la riqueza social y no como un imperativo excluyente. La apelación al conjunto de los derechos humanos se revela como el mejor camino para resolver las tensiones creadas por todas las formas de intolerancia. 7).- La evidencia, especialmente presente en muchos países de la antigua Yugoslavia, de que la violencia o la vigilancia impuesta desde el exterior, no hacen sino lavar los problemas, solicita la realización, con todos los medios posibles, de una labor cultural, que abra espacios al diálogo y al conocimiento recíproco real, para desarrollar un pensamiento democrático contra todos los fanatismos, sea cual sea su procedencia. 8).- La Comunidad Europea ha reiterado en numerosos documentos el carácter "global" de un sistema de principios, que no puede considerar prioritarios a una parte en perjuicio de la restante. La presente Declaración, así como los compromisos del Foro Ibn Arabí, conceden una especial importancia a la tarea de hacer llegar a las instituciones europeas, nacionales, regionales y locales, la necesidad de equilibrar el conjunto de los esfuerzos- éticos, políticos y económicos - para que el conjunto de las sociedades crea en un Proyecto de convivencia que se ofrece hoy como una esperanza de paz para todos los pueblos y culturas. En esta dirección habrá de orientarse el VI Foro Ibn Arabí, que se celebrará en la ciudad de Toledo, en septiembre del presente año. En
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